Huye lentamente como el ocaso, engañándome con los últimos rayos
del sol. Ansioso con que la luz no deje de iluminar, me recreo en el último
instante que nos separamos y que la luna hizo presencia en nuestra relación. El
mundo de los sueños y las sombras me da miedo, hay que moverse con sigilo y
siempre fui torpe en el amor. Las conversaciones se enredan como tela tejida
por hilanderas de verruga en la nariz, que mueven los hilos a la par que
preparan calderos de sopa de ancas de
rana, y polvo de cuerno de rinoceronte. Las escobas barren las noches de
lujuria, dejando limpia mi alma, quitando las espinas de una corona que no me
pertenece, convirtiéndome en algo nuevo, en alguien cuyas oscuridades se han
destapado, que empieza a brillar desde el interior, que ya no necesita el
reflejo proyectado de lo que ansiaba ser. Se cayó la máscara, se acabaron los
carnavales del subconsciente. El ocaso de mi
disfraz ha dejado paso a la certidumbre luminosa de mi desnudez. Se
terminó el juego.
domingo, 12 de enero de 2014
sábado, 11 de enero de 2014
EL POSEÍDO
Mi cuerpo desnudo frente al tuyo,
la mirada perdida en tu desnudez
como tocándote con los ojos.
Mis manos encadenadas,
paralizadas,
tortuosamente presas de la inmovilidad de mi mente,
que suspira confusa, amarga
por la coraza invisible que te envuelve,
que imposibilita dar rienda suelta al deseo.
Un deseo que no es recíproco
sólo va en una dirección,
y se pierde en el vacío
como antes la mirada.
Indomable carnicera,
cortante filo en la palabra
que me sume en un silencio
congelado,
llanto solitario en la espesura
de la cama que me ata.
Entonces vuelves caprichosa,
como nace el viento en la montañas
y me tomas y me besas
y me vas desanudando
y mis manos ya están libres
y mi mente al fin reposa
y las lagrimas se secan
y yo vuelvo a sonreír.
Cuando intento darme cuenta
de lo que acaba de ocurrir,
yo ya tengo las esposas
y tu ya te has vuelto a ir.
lunes, 30 de diciembre de 2013
Un tranvía llamado deseo
Camino por una ciudad desierta, el olor del asfalto mojado y
el ruido del viento entre las hojas hace entrever que pronto la ciudad
comenzará a despertar, con ella y entre bostezos ya lo hacen los panaderos, los
repartidores de periódicos y los barrenderos. Me gusta caminar por el centro
antes del amanecer, porque siento que la ciudad me pertenece, como si fuera mi
propia casa, en un decorado gigante en el que yo soy el protagonista de la
historia. Algunos otros protagonistas también disfrutan de su paseo matutino y
nos saludamos al paso, cómplices del secreto que solo los madrugadores
compartimos. Para cuando la ciudad abre sus brazos a los automóviles, a los
niños y sus padres corriendo hacia los colegios y a las tiendas levantando sus
rejas y poniendo el cartel de abierto, yo ya estoy cercano a las puertas de mi
casa. De vuelta al hogar, de vuelta al camerino, donde estudio los guiones, y
maquillo mi alma antes de ponerme el disfraz de triunfador, listo para subirme en menos de un cuarto de
hora, a cuatro manzanas de mi casa, a un tranvía llamado deseo. Donde ya no soy
protagonista, sólo un “extra” en este gran teatro, como los otros, aunque sepa
que hace tan sólo unas horas era la estrella de la película.
martes, 17 de diciembre de 2013
DESPEDIDA
No recuerdo la última vez que te vi. El peso de los años no
sólo ha blanqueado los pelos de mi barba y de mis patillas, también ha borrado
de mi mente los malos momentos, haciendo criba y quedándose con lo positivo.
Pero hoy después de casi 20 años y con muchos cafés helados a mis espaldas, puedo decir que estas
exactamente igual que el primer día que te conocí, ese día jamás lo olvidaré. Yo
pantalón a rayas y mirada redonda y perdida, simple y complicado como los versos
famosos de Bécquer. Cuerpo estirado y estático mientras sonaba aquella música comercial,
oteando el horizonte, un mar de cabezas que se agitaban hasta la cabina del dj,
agitadas como los pensamientos que me rondaban por aquellos tiempos, cuando el
amor era la única fuerza centrífuga capaz de devolverme la ilusión de vivir. Tú camiseta de flores y mirada de primavera, fresca como un baño en el río, blanca
como los primeros copos del invierno, cabello color de otoño en el Retiro. Tenías
fuego en la mirada, una llama mezcla de resentimiento, ardor de juventud,
desbordada impaciencia por alcanzar el éxito…
Te tomo de la mano, y su tacto me transporta a aquellos
maravillosos años, cuando comernos el mundo no nos llegaba a una muela, cuando
el universo se nos quedaba pequeño y soñábamos con ir más allá de él, sin salir
de las cuatro paredes de nuestro cuarto. Tú la apartas ligeramente y bajas la
mirada. Entonces comprendo que es imposible recuperar 20 años, que este
encuentro casual ni siquiera agita los corazones por lo inesperado, que el amor
que sentimos en ese tiempo ya ni siquiera era cariño sino anécdota. Aquella
estrella hace siglos que se extinguió, aunque mi ilusa mente aún la siga viendo
brillar, y era tan grande que todavía a veces me sorprendo a mi mismo girando
en torno a ella.
martes, 10 de diciembre de 2013
TEMPESTADES NOCTURNAS
El sonido del mar queda muy lejos
Pero tus ojos oscuros me lo recuerda
Ojos donde se viven tempestades nocturnas
Que contrastan con tu piel de blanca nieve
Tu pelo que cae como un alud por las mejillas
Cuando con tus finas manos lo colocas
Manos que se mueven ágiles
Siempre dispuestas a crear
Lo inequívoco, lo irremediable, lo deseable,
lo compulsiva y necesariamente visceral
lo bello
lo que nos hace al tiempo fuertes y débiles
el amor, el sexo
la energía que hace girar el mundo.
Y seguimos girando a la par como torbellinos
Nos miramos, sonreímos y suspiramos
Entonces callamos
Y volvemos solitarios al mundo de los sueños
Donde cada uno libra su propia batalla
Con una bandera blanca y el corazón en calma.
miércoles, 4 de diciembre de 2013
ESPERANZA
Me levanté tarde como de costumbre, mis resecos ojos se solapaban. Mientras me dirigía al baño a refrescarme la cara, hice una parada en
el espejo, a ver si conseguía reconocerme, mi cara angulosa y demacrada de las
noches interminables de juerga, ahora lucia redondita, no sé si debido a las
quince horas que llevaba durmiendo o al cóctel de ansiolíticos y neurolépticos que
tomaba cada noche. Me abrigaba a la idea que algún día conseguiría dejar de
tomarlos, y que a partir de entonces, podría comenzar a vivir de verdad, podría
trabajar, podría tener pareja, podría tener amigos, podría volver a ser yo
mismo y dejar aquel oscuro, solitario y largo invierno, que ya duraba
demasiados años. Pero aquella luz de esperanza proyectaba gigantescas sombras
en mi alma, sombras a las que me tenía que enfrentar cada día, creadas no sólo
por los monstruos externos, como las miradas de miedo, de burla o de desprecio
de personas ignorantes, sino las propias oscuridades de mi alma, el
desconocimiento de mi mismo, la lucha por convertirme en algo, en alguien, para
olvidar mi pasado y desparecer de aquel tedioso presente. Allí, en el soñado
futuro era donde único podría ser feliz y allí era donde cada mañana, con ojos
legañosos y frente al espejo del baño, afeitaba mi cara y mi cuello con manos
temblorosas, mientras yo y aquella persona que se reflejaba echaban un pulso por vivir o morir, y en el
que a pesar de todo, yo seguía manteniendo
la ventaja.
martes, 10 de septiembre de 2013
A FÁTIMA. UNA PERSONA CON DISCAPACIDAD INTELECTUAL.
Hace ya algún tiempo que nos conocimos, varios años, y desde
el primer día me empezaste a enseñar un montón de cosas, quien me lo iba a
decir, tú, una chica que no se comunica verbalmente, que tiene discapacidad
intelectual y física y, que sin embargo me da lecciones cada vez que voy a
verte. Lecciones como la admiración que siento por ti al verte feliz con sólo
mirarme, con solo compartir un batido de chocolate en alguna terraza de vez en
cuando. Hay ocasiones en las que me olvido de ti unas semanas, pero cuando me
acuerdo y voy a verte, tú no estás
enfadada, sigues sonriendo y riendo como siempre, y entonces me avergüenzo de mí
mismo, porque yo, o nosotros, las personas con un coeficiente intelectual medio
alto, nos quejamos por todo, caemos en el cotilleo y en la mezquindad, en el juicio y la crítica fácil, y me doy
cuenta que los estúpidos o los mongólicos como mucha gente se atreve a
llamarlos a ustedes en realidad somos nosotros, ustedes, son los que vienen a enseñarnos el
respeto por las personas, la belleza de lo simple, porque sin duda son seres
puros y con puro no me refiero a la sexualidad, sino a la pureza emocional. Te
prefiero a ti mil veces como amiga Fátima, con lo simple de nuestra relación
que a personas inteligentes que con sus actos destruyen y dañan sólo por querer
ser los mejores, los más listos, los más afamados, los más admirados, los más
ricos.
GRACIAS POR EXISTIR FÁTIMA Y POR TENER EL PRIVILEGIO DE
HABERTE CONOCIDO.
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