miércoles, 23 de marzo de 2016

La vida es sueño



Sumido en un profundo letargo
Donde sueño y realidad se confunden
La línea que los separa se hace cada vez más difusa
Y me impide despertar.
La vida es sueño, y los sueños, sueños son.
Sólo la muerte que me aguarda plácida en lo más hondo de mi pecho,
será capaz de abrirme los ojos a lo real.
El dolor, es pesadilla infinita.
La tristeza, lágrimas que nunca se derramaron.
El amor, un pajarillo agitado, que mueve sus alas a través del viento, que surca cielos y planea.
Planea tocar con sus pies la tierra.
La alegría bombea mi corazón, y es como espuma de ola sobre mi piel, que seca el dolor y la tristeza, que abre paso al amor.
El amor, como una llama que me abrasa, que me abraza.
Amor de padres
Amor de hermanos
Amor del dulce y del amargo
Amor que nace contigo
Amor que crece con nosotros
Amor que muere conmigo.
Todo mientras duermes.
Nada cuando mueres,
Ni cuerpo, ni casa, ni trabajo, ni dinero, ni cañas en los bares, ni spaghettis a la boloñesa, ni ganas de hacer pis, ni gafas, ni periódicos, ni días de playa, ni noches de fiesta...o quizás sí.
Quizás todo eso,
Condensado en la espuma de ola que rompe contra mi pecho, aunque no haya agua, ni pecho.
Esa paz infinita, esa pura realidad,
Que sólo la muerte puede ofrecernos.
Gracias a la vida, que sueño. Gracias a la muerte, que despierto.

sábado, 5 de marzo de 2016

Escribir (EL VIAJE)


 Resultado de imagen de tiovivo


¿Una actividad con sentido? Escribir. Para expulsar hasta el más mínimo ápice de mierda que se esconde en los rincones de mis entrañas.
Me viene lejos. La palabra lejos.
Lejos como un comienzo. Lejos como el principio de una historia, que comienza con el final de alguna otra. Empieza una etapa. Comienzo y final.
En el mismo presente se unen pasado y futuro. Yo estoy perdido.
Mañanas ansiando el futuro, dejando atrás el pasado.
Tardes añorando el pasado, dejando atrás el futuro.
Perdido.
Bajo y subo cómo en un tiovivo.
Cuando estoy arriba miro abajo, y me rio de lo abajo que estaba antes.
Cuando estoy abajo miro hacia arriba y pienso que ya nunca más estaré allí.
¿Hacer alguna actividad con sentido? Escribir.
Para sacar la mierda que se esconde en lo más recóndito de mis entrañas.
Entrañas que se convierten en vísceras, vísceras que se convierten en entrañas.
Actos sin sentido.
Actos sin rumbo.
Perdido.
Sufrimiento
Felicidad.
Una abajo del caballito.
Otra arriba.
Uno que contrae.
Otra que expande.
Big-Bang hacia dentro.
Explosión hacia afuera.
Desequilibrio.
Desorden.
La teoría del caos.
Caos donde todo es perfección.
Todo menos yo.
Londres.
Nueva York.
Lugares que me hacen soñar.
El Toscal.
Lugar donde he soñado, donde sueño, donde soñaré.
Dormido.
El alcohol cono anestésico.
Mi psique: microuniverso egocéntrico.
Mi cabeza y mi pensamiento se mezclan con el de otros y no alcanzo a comprender que tan lejos estoy de mi mismo. Quizás demasiado cerca.
Todo se distorsiona.
Suelo limpio.
Tejado que se me cae encima. Que me aplasta.
Subo por la chimenea y escapo.
El humo del cigarro y el alcohol escriben estas líneas.
¿Hacer una actividad con sentido? Escribir.
Para limpiar los más profundos escondites. De la mierda de mi psique. Escribir. No parar de escribir. Hasta que duela. Para saber que estoy vivo.
Sangrar, mearme y cagarme.
Tocar fondo.
Escribir como un océano. Imperturbable.
Hasta que la tinta me sacuda. Me dé puñetazos en el estomago. Me deje ciego. Escribir para sanar la ceguera, para aliviar mi vientre, para cagarme en todo, para amarme a mí mismo. Para sacarme los ojos y ver que lo que veo sólo es un reflejo, que no es el universo.
Nadie es tan grande como el universo. Quizás sí.
Infinitamente grande no cabe en una libreta. Quizás sí.
Infinitamente pequeño no cabe en una libreta. Quizás sí.
El amor. El odio. Los polos opuestos.
Todas las emociones, todas conviviendo en un mismo cuerpo. En un mismo barrio. En un mismo mundo. El dinero. La estafa del siglo.
Gente con dinero pasando hambre.
Gente sin dinero satisfecha.
Los hijos.
La educación.
"Futuro Hipotecado" lejos de la naturaleza, de lo que realmente somos.
Lejos de mí mismo.
Cercano a los demás.
Máscaras de carnaval que sacan lo mejor de nosotros.
El apego cómo medio de subsistencia.
Pulgas que te chupan la sangre.
Bancos que guardan tu seguridad.
Seguridad que se esconde en billetes de 50 euros.
Papel mojado.
Hogueras de San Juan.
Deseos incumplidos.
Gaviotas que vuelan incansables mientras Bárcenas mete el dinero en sobres.
La conjugación del verbo sanar.
La conjugación del verbo escuchar.
La conjugación del verbo amar.
Una fábrica de kleenex para secar la tristeza del ser humano.
Terapias alternativas cuando la alternativa seria no hacer terapia.
Medio mundo en terapia.
El otro medio ejerciendo violencia.
Violencia es la palabra más detestable que conozco.
Violencia no debería ni escribirse. Su significado produce miedo.
Miedo produce parálisis.
Parálisis produce odio.
Odio produce violencia, hacia uno mismo o hacia los demás.




La esperanza es la palabra y la emoción más bella. Esperanza de verte amanecer. Esperanza para mí. Para ti. Para el mundo. Emoción bella incomparable. Emoción pura.
Me siento mejor. Me siento bello y fuerte. Me siento, y eso es lo que importa. Presente esperanzador. Presente bonito. Presente donde continúe instalado por siempre. Presente donde esté presente.
No mires hacia arriba ni hacia abajo.
Disfruta del caballito del tiovivo aunque a veces te maree. Disfruta del viaje. Disfruta lo que dure. El tiquet salió gratis y que dure sí, lo que tenga que durar.


viernes, 28 de marzo de 2014

SIGAN BAILANDO



Sigan bailando para soñar con los ojos abiertos
Sigan bailando para que el mundo no se pare
Sigan bailando al ritmo de su música
Sigan bailando como estrellas del cielo
Sigan bailando como estrellas de la canción
Sigan bailando como tapas de calderos al fuego
Sigan bailando como peces en el océano
Sigan bailando como niños con TDAH
Sigan bailando como  letras de  grandes escritores
Sigan bailando como coches por la autopista
Sigan bailando al compás de los fuegos artificiales
Sigan bailando como la marea en la playa
Sigan bailando como periódicos al viento
Sigan bailando como el chico en bici que los reparte
Sigan bailando como tormentas de arena
Sigan bailando como torbellinos y tsunamis
Sigan bailando como el surfista sobre las olas
Sigan bailando como patinadores por las avenidas
Sigan bailando con las campanadas aunque el reloj ya no marque las doce
Sigan bailando fuera y dentro de casa
Sigan bailando con el cuerpo y la mente
Sigan bailando para que sus vidas no se detengan
Sigan bailando
Sigan bailando como cometas al viento
Sigan bailando aunque sólo haya silencio 
Sigan bailando cuando protesten y no reciban respuesta
Sigan bailando aún cuando estén agotados
Sigan bailando porque sólo así el mundo seguirá girando.

viernes, 28 de febrero de 2014

AMANECER






Hace tiempo que no veo atardecer, sin embargo vivo en un ocaso continuo. Mi cuerpo ya no amanece, la ilusión ya no me despierta cada mañana. En su lugar, el vacío de la rutina hace que me esconda de la juiciosa mirada de mis años de juventud, que desde el pasado me reclama. Escondido, con el cuerpo inmóvil y frío, los ojos infinitamente perdidos en la película que se proyecta por la ventana de mi cuarto, por donde entran los fantasmas del miedo y el deseo, en forma de sueños. Me deshago por un momento de la venda que durante el día tapará mis ojos, para no huir, para no salir corriendo  y entregarme definitivamente a lo que realmente soy, para no volver al origen de lo que me creó, porque sé que la misión no está cumplida y mientras sea así seguiré ciego, para no darme cuenta del fracaso, para seguir anhelando que mi alma un día verá el atardecer, y tendré la certeza que será el último, porque habré cumplido mi misión, y por fin mi cuerpo, ya viejo y cansado, volverá a amanecer.   

sábado, 1 de febrero de 2014

EL INTERCAMBIO

Narciso Buenafuente llevaba toda su vida de un centro psiquiátrico a otro por toda la geografía ibérica. Era un tipo bajito, de entradas prominentes, gafas  que cubrían unos ojos huidizos de un verde intenso, y algo barrigón. Tenía nueve años cuando lo llevaron por primera vez a un centro psiquiátrico infantil. Por lo visto, desde que su madre había muerto, su padre le propinaba grandes palizas. Aprendió a sobrevivir robando, estafando y alguna que otra vez trabajando. Pero Narciso era un chico de buen corazón, se apiadaba de todo aquel que como él había sufrido el lastre de tener un trastorno mental. Creció entre prostitutas, camellos y toda clase de buscavidas y  aprendió todo lo que la escuela no le había podido enseñar. A trompicones se fue haciendo un hombre.
Sus brotes psicóticos le daban con una periodicidad de uno cada tres años, siempre en la misma época, después de navidades. Narciso pensaba que nada podía hacer para evitarlos, así que tomó la decisión de no medicarse durante los periodos en que estaba sano.
            Hacía dos años y medio de su última crisis y  empezaba a tener delirios en los que él era un enviado divino que debía salvar la humanidad, que tenia los días contados si él no mediaba en el asunto. Al parecer  los extraterrestres habían dado un ultimátum a la Tierra, Tierra que se asfixiaba  por  la contaminación y que estaba predestinada a desaparecer.
            Las naves extraterrestres ya habían llegado, y disparaban contra la gente. Narciso, por medio de un mensaje telepático a la humanidad, pensaba…Quién quiera salvarse que me siga… y echó a andar. Recorrió muchos kilómetros, estaba decidido a llevarse a la gente que iba caminando detrás  suyo, (aunque  nunca miro atrás) a otro planeta. Llegó a la plaza del Pilar y allí por fin ocurriría el milagro, alcanzaría la iluminación y  abandonaría la Tierra para irse a otra galaxia. Pero no la abandonaría de cualquier manera, la abandonaría riendo. Empezó con una risita entre dientes y con el paso de los minutos estalló en una risa imparable…ya no veía, ni oía, ni era capaz de sentir su cuerpo. Sólo su risa de ultratumba le hizo parar, ya no controlaba la situación, así que decidió regresar. Cuando tomó conciencia de sí mismo y abrió los ojos, varios policías, un hombre con bata blanca y varios técnicos de ambulancia intentaban levantarlo para meterlo en la ambulancia.
            Paralelamente, mientras esto sucedía, Godofredo Malasaña se incorporaba a su puesto de trabajo. Godofredo era un tipo bajito, de entradas prominentes, gafas que cubrían unos ojos huidizos de un verde intenso, y algo barrigón. Podría decirse que era hermano gemelo de Narciso pero estaba algo más avejentado que él, las canas cubrían parte de su cabeza y numerosos pelos le salían por las orejas, era lo único que les diferenciaba. Godofredo era psiquiatra y, como Narciso, había pasado por infinidad de centros psiquiátricos, pero casualmente nunca habían coincidido. Al contrario del corazón bondadoso que tenia Narciso, Godofredo era un tipo sádico que disfrutaba con el dolor ajeno, decía toda clase de improperios a sus pacientes, los mandaba a atar sin motivo durante semanas y los tupía a medicación hasta dejarlos como zombis. Se jactaba de que las personas con trastorno mental eran deshechos sociales que había que exterminar, y gracias a esto se había ganado las antipatías de algunos colegas y las simpatías de otros tantos.
            Hoy era su primer día en aquel centro, su jefe se había despedido de él hacia unos minutos dejándole a cargo de todo, las próximas semanas, ya que éste se iba de vacaciones a un paraíso remoto  de África central. Se acomodó en su sillón de cuero, en su despacho, mientras miraba en su ordenador imágenes pornográficas. De repente sonó la puerta, eran dos técnicos que traían a un paciente para su valoración, aún no se le había administrado medicación alguna.
            Narciso entró y tomó asiento. Otra vez de vuelta a la prisión, pensaba, mientras escrutaba con la mirada a Godofredo sorprendiéndose de su enorme parecido con él. Nada mas desaparecer los técnicos, la mirada de Godofredo cambió radicalmente, una sonrisa retorcida se dibujó en su cara, buscó la historia de Narciso y comenzó a leer en silencio. Después se levantó despacio y abrió una de las gavetas del carro de enfermería, cogió un sedante y la aguja más gorda que encontró, y ordenó a Narciso que se bajara los pantalones. Narciso se puso en pie y se comenzó a desabrochar el cinturón y cuando Godofredo se puso detrás de éste y se agachó un poco, se giró repentinamente, le quitó la inyección y se la clavó directamente en la yugular. Godofredo y Narciso forcejearon hasta que  después de unos minutos el psiquiatra se derrumbó y el sueño se apoderó de él, momento que Narciso aprovechó para desvestirle y cambiarle su ropa por la suya. Acto seguido se sentó en el sillón de cuero y llamó a los enfermeros para que vinieran a buscar al nuevo paciente que había llegado, que ya había reconocido y  que por lo visto estaba en muy malas condiciones, y les ordenó que lo trasladaran al centro de enfermos psiquiátricos crónicos en el otro extremo de la ciudad.
            Narciso Buenafuente suplantó  la identidad de Godofredo y durante los años siguientes ejerció la psiquiatría con éxito, jamás le volvió a dar otro brote psicótico.
            Godofredo Malasaña estuvo durante muchos años recluido en régimen de aislamiento en un hospital psiquiátrico, por un cuadro de sociopatía grave, asegurando que él era psiquiatra, que había sido víctima de un paciente y que iban a pagarlo muy caro todos…

  

lunes, 27 de enero de 2014

RELATO DE UN NÁUFRAGO

…atravieso el ancho mar con tan solo mirarte, transportado en volandas desde tu sonrisa de barca. Preso de ella me escondo como polizón en tu seno. Tu sonrisa no me pertenece, pero me mira y no puedo dejar de ansiar que diga mi nombre, navegar por tu lengua guiándome por el cielo de tu boca. El mar es muy vasto y no quiero perderme, ya que me costaría mucho encontrarte de nuevo, me volvería ermitaño, relacionándome sólo conmigo, por miedo, por pensar que si encontrase otra barca, otra sonrisa que me sacara de mi confortable isla, pero que me llevase a otro destino, quizá una gran ciudad, no podría ver las mismas estrellas y perdería el rumbo. Terminaría en alguna cueva, en alguna cavidad oscura, como la del corazón que te anhela, contando los días en sus paredes para volver a encontrarte…

Maldigo aquel último día, en el que me sentí tan seguro de que aquella sonrisa llevaba pintada mi nombre, que desde la distancia pude ver como encallaba solitaria y náufraga de mis besos. Se cumplió la profecía. La de aquel marino que llamó a su barca con el nombre de su amada.

jueves, 23 de enero de 2014

FELICIDAD

El cielo queda muy lejos de mi casa, y mi mente ya no vuela tan alto como para alcanzarlo. Me limito a garabatearlo en la imaginación sirviéndome de los pintores clásicos. Los azules me tranquilizan y los ocres del atardecer calientan mi corazón. Un corazón agitado como en la guerra, deseoso de ganar la batalla, taquicárdico y arrítmico como el sonido de las metralletas y las bombas en la distancia, asustado como un niño que ha perdido a su madre, con el único objetivo de encontrarla y al fin reposar en su regazo.
Desnudándome antes de entregarme al sueño, mientras la cabeza va dando vueltas a esta última semana de mi vida. El nunca debí haberlo hecho es una constante que se repite en la ecuación, me martiriza, pero por momentos parece despejarse la incógnita y el resultado cambia arrojando una abrumadora positividad…entonces ya no hay duda posible, y me convenzo que el destino de mi vida es el correcto, que la felicidad se ha hecho presente y que ya nunca más va abandonarme. Pienso conservarla como el más precioso regalo. Pero frágil como el cristal de bohemia, se me escapa de entre mis torpes manos, y cuando mi mente se percata, ya se ha hecho añicos contra el muro de mi insatisfacción. Intento unir los pedacitos, reconstruir aquel pasado frágil, hasta que me doy cuenta que las piezas ya no encajan, que la felicidad no es un puzzle, no es una ecuación matemática, no hay fórmula que despeje su incógnita, y cuanto más me esmero en pegar y juntar las piezas, mayores son los cortes que me producen, la “x” se   ha transformado en sufrimiento.

Me despierto por la mañana, el sueño no ha arreglado aquel precioso regalo, pero ahora vuelve a estar candente, y manos a la obra, me pongo a darle forma deseoso de que esta vez sí, pueda construir la obra de mi vida, en forma de permanente felicidad.

domingo, 12 de enero de 2014

EGO

Huye lentamente como el ocaso, engañándome con los últimos rayos del sol. Ansioso con que la luz no deje de iluminar, me recreo en el último instante que nos separamos y que la luna hizo presencia en nuestra relación. El mundo de los sueños y las sombras me da miedo, hay que moverse con sigilo y siempre fui torpe en el amor. Las conversaciones se enredan como tela tejida por hilanderas de verruga en la nariz, que mueven los hilos a la par que preparan calderos de  sopa de ancas de rana, y polvo de cuerno de rinoceronte. Las escobas barren las noches de lujuria, dejando limpia mi alma, quitando las espinas de una corona que no me pertenece, convirtiéndome en algo nuevo, en alguien cuyas oscuridades se han destapado, que empieza a brillar desde el interior, que ya no necesita el reflejo proyectado de lo que ansiaba ser. Se cayó la máscara, se acabaron los carnavales del subconsciente. El ocaso de mi  disfraz ha dejado paso a la certidumbre luminosa de mi desnudez. Se terminó el juego.

sábado, 11 de enero de 2014

EL POSEÍDO

Mi cuerpo desnudo frente al tuyo,
la mirada perdida en tu desnudez
como tocándote con los ojos.
Mis manos encadenadas,
paralizadas,
tortuosamente presas de la inmovilidad de mi mente,
que suspira confusa, amarga
por la coraza invisible que te envuelve,
que imposibilita dar rienda suelta al deseo.
Un deseo que no es recíproco
sólo va en una dirección,
y se pierde en el vacío
como antes la mirada.
Indomable carnicera,
cortante filo en la palabra
que me sume en un silencio
 congelado,
llanto solitario en la espesura
de la cama  que me ata.
Entonces vuelves caprichosa,
como nace el viento en la montañas
y me tomas y me besas
y me vas desanudando
y mis manos ya están libres
y mi mente al fin reposa
y las lagrimas se secan
y yo vuelvo a sonreír.
Cuando intento darme cuenta
de lo que acaba de ocurrir,
yo ya tengo las esposas
y tu ya te has vuelto a ir.
 



lunes, 30 de diciembre de 2013

Un tranvía llamado deseo


Camino por una ciudad desierta, el olor del asfalto mojado y el ruido del viento entre las hojas hace entrever que pronto la ciudad comenzará a despertar, con ella y entre bostezos ya lo hacen los panaderos, los repartidores de periódicos y los barrenderos. Me gusta caminar por el centro antes del amanecer, porque siento que la ciudad me pertenece, como si fuera mi propia casa, en un decorado gigante en el que yo soy el protagonista de la historia. Algunos otros protagonistas también disfrutan de su paseo matutino y nos saludamos al paso, cómplices del secreto que solo los madrugadores compartimos. Para cuando la ciudad abre sus brazos a los automóviles, a los niños y sus padres corriendo hacia los colegios y a las tiendas levantando sus rejas y poniendo el cartel de abierto, yo ya estoy cercano a las puertas de mi casa. De vuelta al hogar, de vuelta al camerino, donde estudio los guiones, y maquillo mi alma antes de ponerme el disfraz de triunfador,  listo para subirme en menos de un cuarto de hora, a cuatro manzanas de mi casa, a un tranvía llamado deseo. Donde ya no soy protagonista, sólo un “extra” en este gran teatro, como los otros, aunque sepa que hace tan sólo unas horas era la estrella de la película.  

martes, 17 de diciembre de 2013

DESPEDIDA


No recuerdo la última vez que te vi. El peso de los años no sólo ha blanqueado los pelos de mi barba y de mis patillas, también ha borrado de mi mente los malos momentos, haciendo criba y quedándose con lo positivo. Pero hoy después de casi 20 años y con muchos cafés helados  a mis espaldas, puedo decir que estas exactamente igual que el primer día que te conocí, ese día jamás lo olvidaré. Yo pantalón a rayas y mirada redonda y perdida, simple y complicado como los versos famosos de Bécquer. Cuerpo estirado y estático mientras sonaba aquella música comercial, oteando el horizonte, un mar de cabezas que se agitaban hasta la cabina del dj, agitadas como los pensamientos que me rondaban por aquellos tiempos, cuando el amor era la única fuerza centrífuga capaz de devolverme la ilusión de vivir. Tú camiseta de flores y mirada de primavera, fresca como un baño en el río, blanca como los primeros copos del invierno, cabello color de otoño en el Retiro. Tenías fuego en la mirada, una llama mezcla de resentimiento, ardor de juventud, desbordada impaciencia por alcanzar el éxito…

Te tomo de la mano, y su tacto me transporta a aquellos maravillosos años, cuando comernos el mundo no nos llegaba a una muela, cuando el universo se nos quedaba pequeño y soñábamos con ir más allá de él, sin salir de las cuatro paredes de nuestro cuarto. Tú la apartas ligeramente y bajas la mirada. Entonces comprendo que es imposible recuperar 20 años, que este encuentro casual ni siquiera agita los corazones por lo inesperado, que el amor que sentimos en ese tiempo ya ni siquiera era cariño sino anécdota. Aquella estrella hace siglos que se extinguió, aunque mi ilusa mente aún la siga viendo brillar, y era tan grande que todavía a veces me sorprendo a mi mismo girando en torno a ella. 

martes, 10 de diciembre de 2013

TEMPESTADES NOCTURNAS

El sonido del mar queda muy lejos
Pero tus ojos oscuros me lo recuerda
Ojos donde se viven tempestades nocturnas
Que contrastan con tu piel de blanca nieve
Tu pelo que cae como un alud por las mejillas
Cuando con tus finas manos lo colocas
Manos que se mueven ágiles
Siempre dispuestas a crear
Lo inequívoco, lo irremediable, lo deseable,
lo compulsiva y necesariamente visceral
lo bello
lo que nos hace al tiempo fuertes y débiles
el amor, el sexo
la energía que hace girar el mundo.
Y seguimos girando a la par como torbellinos
Nos miramos, sonreímos y suspiramos
Entonces callamos
Y volvemos solitarios al mundo de los sueños
Donde cada uno libra su propia batalla
Con una bandera blanca y el corazón en calma.





miércoles, 4 de diciembre de 2013

ESPERANZA

Me levanté tarde como de costumbre, mis resecos ojos se solapaban. Mientras me dirigía al baño a refrescarme la cara, hice una parada en el espejo, a ver si conseguía reconocerme, mi cara angulosa y demacrada de las noches interminables de juerga, ahora lucia redondita, no sé si debido a las quince horas que llevaba durmiendo o al cóctel de ansiolíticos y neurolépticos que tomaba cada noche. Me abrigaba a la idea que algún día conseguiría dejar de tomarlos, y que a partir de entonces, podría comenzar a vivir de verdad, podría trabajar, podría tener pareja, podría tener amigos, podría volver a ser yo mismo y dejar aquel oscuro, solitario y largo invierno, que ya duraba demasiados años. Pero aquella luz de esperanza proyectaba gigantescas sombras en mi alma, sombras a las que me tenía que enfrentar cada día, creadas no sólo por los monstruos externos, como las miradas de miedo, de burla o de desprecio de personas ignorantes, sino las propias oscuridades de mi alma, el desconocimiento de mi mismo, la lucha por convertirme en algo, en alguien, para olvidar mi pasado y desparecer de aquel tedioso presente. Allí, en el soñado futuro era donde único podría ser feliz y allí era donde cada mañana, con ojos legañosos y frente al espejo del baño, afeitaba mi cara y mi cuello con manos temblorosas, mientras yo y aquella persona que se reflejaba  echaban un pulso por vivir o morir, y en el que a pesar de todo,  yo seguía manteniendo la ventaja.

martes, 10 de septiembre de 2013

A FÁTIMA. UNA PERSONA CON DISCAPACIDAD INTELECTUAL.



Hace ya algún tiempo que nos conocimos, varios años, y desde el primer día me empezaste a enseñar un montón de cosas, quien me lo iba a decir, tú, una chica que no se comunica verbalmente, que tiene discapacidad intelectual y física y, que sin embargo me da lecciones cada vez que voy a verte. Lecciones como la admiración que siento por ti al verte feliz con sólo mirarme, con solo compartir un batido de chocolate en alguna terraza de vez en cuando. Hay ocasiones en las que me olvido de ti unas semanas, pero cuando me acuerdo  y voy a verte, tú no estás enfadada, sigues sonriendo y riendo como siempre, y entonces me avergüenzo de mí mismo, porque yo, o nosotros, las personas con un coeficiente intelectual medio alto, nos quejamos por todo, caemos en el cotilleo y en la mezquindad,  en el juicio y la crítica fácil, y me doy cuenta que los estúpidos o los mongólicos como mucha gente se atreve a llamarlos a ustedes en realidad somos nosotros,  ustedes, son los que vienen a enseñarnos el respeto por las personas, la belleza de lo simple, porque sin duda son seres puros y con puro no me refiero a la sexualidad, sino a la pureza emocional. Te prefiero a ti mil veces como amiga Fátima, con lo simple de nuestra relación que a personas inteligentes que con sus actos destruyen y dañan sólo por querer ser los mejores, los más listos, los más afamados, los más admirados, los más ricos.



GRACIAS POR EXISTIR FÁTIMA Y POR TENER EL PRIVILEGIO DE HABERTE CONOCIDO.